Parecieras no sentirte presa.
Tanteo mientras me acerco,
Me deslizo sobre el pino de tus mejillas
Hasta que siento un revolotear en mi cuello.
Me erizo y pongo alerta,
Mas tu impasible mirada de osezno no da indicios.
Me precipito al suelo
Sin darme cuenta que ya estás sobre mi.
Sin atacarme siquiera me siento indefenso.
Busco mis armas, pero no hay ninguna.
No hay escape.
Entonces pasó,
La presa comienza a cazar.
El cazador fue derrotado.